Home | Blogs | Foros | Registrate | Consultas | Viernes 30 de octubre de 2020
Usuario   Clave     Olvidé mi clave
     
Ir a la página de inicioIr a los Blogs
Mi Perfil
Marcos Ruival
Córdoba - Argentina
Se puede decir de mí, que soy el escritor del subdesarrollo.
Archivo de entradas | Mostrar datosDesplegar
Ocultar datos Diciembre 2009
Con total sinceridad; desearía escribir como este tipo. Qué opinan ustedes?
PURA CASUALIDAD
ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LA SOLEDAD
Mostrar datos Noviembre 2009
Mostrar datos Octubre 2009
Mostrar datos Septiembre 2009
Publique su taller

Últimos comentarios de este Blog

12/01/10 | 04:03: Mónica Lorenne dice:
No daré nombres,ni autores, ni años, ni tiempos, ni nada! pues!piensen que un segundo pasado,significa: millones de muertes no registradas en la percepción...cada paso que damos, es una muerte y una nacimiento e inicio nuevo! A ello! Doy gracias a Dios! por tener vida y no pensar en mi último suspiro.simplemente hacer lo que debo hacer, minuto a minuto! En cuanto a la poesía, como autor, coincido con Albín. Perdón amigo, querías mi opinión! Gran abrazo y siempre la luz en tu vida(Den cuerpo a la luz).
12/01/10 | 02:18: Malena dice:
Marcos :No hieres mi sensibilidad, lo bueno de esto que cada cual puede interpretar lo que el escrito le inspira ;para quien lo escribe es lo que importa ;algo suyo movilizó al otro .Gracias por leerme . MALE.-
31/12/09 | 01:28: stella Maris (detrasdelespejo) dice:
Hola Marcos! que tal? la verdad que no se si las rimas son arcaicas como dice el amigo Albin granconocedor ni si el autor es mejicano, como dice Gus, solo te digo que es asi como quisiera morirme aunque "ya no soy tan joven y no dejare un bonito cadaver" y es cierto la vida nos traiciona. Te mando un beso y que el 2010 te traiga todo lo que deseas y un poquito mas Ja!
Vínculos
Guía de Buenos Aires (una ficción) Guía de Buenos Aires (una ficción)


Buenos Aires es nao y misterio. Una damisela nacida entre el viento y la garúa. La ciudad ... Ampliar

Comprar$ 90.00

Escuchá Radio De Tango

cincocien.blogspot.com


Al blog lo destino para satisfacer mis deseos de comunicar algo. Mis relatos breves son simples, a veces chabacanos, de una verdadera porquería los calificaría yo¡Ya van a ver...!


Escribí un comentarioEscribí tu comentario Enviá este artículoEnvialo a un amigo Votá este artículoVotá este texto CompartirCompartir Texto al 100% Aumentar texto

LA MUJER DEL RETRATO OVAL



Antes de que me narraran esto, yo no creía en nada fuera de lo normal. Sin embargo, el relator era una persona que merecía toda mi credibilidad y doy por hecho que lo que van a leer es cierto. Lamentablemente ya no lo tenemos entre nosotros; se nos fue para siempre.

 No se cómo la estará pasando ahora,  ya que es vecino de tumba de Aniceto, uno de los protagonistas de este suceso.

Esto fue lo que contó:    

 

      Enrique era una de las tantas víctimas del destino; Isabel, a quien amaba con locura había muerto trágicamente y él se encontraba sólo, en medio del océano de su desconsuelo. El suicidio era la única forma de evitar su sufrimiento.

      Hasta que conoció a la hermosa y enigmática Adriana.

      Ella llenó el vacío que dejó Isabel relegándola a un recuerdo apenas tibio, y él halló en su amor un motivo válido y sublime para seguir existiendo.

     Salían solamente de noche. Así lo propuso Adriana,  por dedicarse al cuidado de sus ancianos padres durante todo el día.

     Sus encuentros eran cálidos y ardientes; las horas les parecían efímeras y las gozaban al máximo, como si todo fuese a acabar en cualquier momento.

     Después, ya muy tarde, él la acompañaba hasta la puerta de su inmensa casona.

    A medida que intimaban, a Enrique comenzaron a llamarle la atención algunas singularidades;  la eterna oscuridad del lugar, la irreductible actitud de Adriana de no presentarle a sus padres, como si tratara de ocultarlos, y algo intrigante; ella no confesaba su edad, (aparentaba veinticinco) aduciendo motivos tan fútiles como desconcertantes.

   Cuando se despedían, él volvía su mirada tratando de descubrir alguna señal de vida en la casa, pero nada alteraba esa visión estática y deprimente.

   A veces creía ver agitarse una cortina en uno de los ventanales, pero desechaba esa ilusión deduciendo que su imaginación lo había traicionado.

   Adriana minimizaba sus temores con chanzas en las que Enrique participaba, pero no alcanzaban para quitarle esas sensaciones perturbadoras e inquietantes.

   Después de seis meses de  esa  extraña relación,  sucedió algo espantoso aquella noche.

   Compartían los dos un café en la mesa de un bar.  Como nunca, se miraron fijamente un largo rato sin hablar; ella inescrutable, él inquieto, presagiando algún suceso desagradable.

   De pronto Adriana interrumpió sus pensamientos, confesándole que muy pronto iba a morir.

     Enrique sonrió creyendo que se trataba de una broma macabra, pero al notar en su rostro una gravedad  fuera de lo común, comenzó a desesperar.

    Intentó hacerla callar diciéndole que mentía, después trató de abrazarla. Ella apoyó un dedo en sus propios labios en señal de silencio, tomó sus manos y le habló en forma descarnada.

    Le confirmó que era verdad lo de su muerte y rogó que respetara su última voluntad, obligándolo a jurar que no indagaría  sobre su pasado.

   _”Averiguar sobré mí puede devenir en algo trágico, algo que está más allá de lo terreno”. -Le advirtió severamente.

   Señaló el lugar donde iba a estar sepultada, y sugirió que le llevara rosas rojas porque eran sus preferidas. Con urgencia lo besó con sus labios mortalmente fríos y abandonó el bar.

   El la miró irse horrorizado, clavado en su silla, sin atinar a nada.

   Cuando visitó su tumba lo sorprendieron el moho que cubría todo, la cruz de hierro herrumbrada, y la falta de referencias en su lápida. Pensó en el escaso tiempo que llevaba de muerta y sospechó que la habían enterrado en un lugar equivocado.

    Durante un año, Enrique concurrió al cementerio todos los domingos. Ese día depositó un ramo de rosas rojas y rezó una oración, como siempre lo hacía.      

   Al retirarse, una fuerza superior lo empujó hacia la casona.

   Llegó allí cuando las sombras comenzaban a llenar todos los espacios. Golpeó las manos, rodeó la casa, llamó varias veces para que alguien lo atendiera, pero todo fue inútil.

   Con un coraje irracional, venciendo el temor que siempre le había causado esa mole oscura e intimidante, salto la cerca y penetró al jardín tupido de yuyos y malezas.

   Empujó la puerta de madera podrida, prendió un fósforo y entró al living. El lugar era un mausoleo lleno de telas de arañas, donde se notaba la ausencia de vida por infinidad de años.

   Con un pañuelo se protegió del vaho a encierro y humedad y avanzó entre los trastos y la basura acumulada. En una descangallada silla descansaba una pila de periódicos amarillentos; con dificultad descifró el título tipo catástrofe de uno de ellos y leyó: “¡¡DECLARACIÓN DE GUERRA ASTROHÚNGARA A RUSIA!! Más abajo: ¡¡COMENZÓ LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL!! En el ángulo superior izquierdo observó su fecha de edición: “Domingo, 8 de Diciembre de 1914” Enrique empalideció y se le aflojaron las piernas.

      Prendió un nuevo fósforo, con mucho esfuerzo subió por la escalera derruida a la planta alta y temblando entró al dormitorio.

      Llamó su atención el retrato oval que pendía de la descascarada pared, sopló la tierra del vidrio y la vio. Adriana posaba en color sepia, sonriendo cautivadora y hermosa como siempre, como un año atrás, con los que debieron ser sus padres,    

     Retiró el cuadro de la pared y leyó en su reverso: “Casa Martínez” – “Fotografías” Fecha: “15 de Mayo de 1913”.

      Enrique entró en pánico; su corazón latía arrítmicamente. Ahogado, bajó los escalones haciendo bambolear la escalera que casi se viene abajo y encaró la salida.

     Cruzó el jardín a toda velocidad, saltó la cerca, aterrizó en la vereda y por poco  lo lleva por delante.

      El diminuto y arrugado viejecito lo miraba fijamente y se persignaba. La luz pálida del farol de la esquina magnificaba sus desproporcionados ojos verdes brillantes y saltones. Enrique quedó petrificado ante ese gnomo tan extraño.

      Sin que se lo pidiese, el viejo, que lo seguía mirando sin pestañar, le habló con una voz cavernosa, como si estuviera dentro de un nicho:

      _“Yo nací en el año 1889 y era vecino de Adrianita, quien tenía mi misma edad. Sus padres fallecieron un año después que ella ¡Le estoy hablando de comienzos de la guerra del catorce!” –Enfatizó el anciano.

       _“Pobrecita…, un día antes de morir estuvo conversando conmigo allí, en ese lugar” –El viejito señaló con el dedo índice una parte del jardín, donde descansaban los restos de un banco de hierro y madera.   

        __Calló un momento, palmeó su gran cabeza como  indicando un imperdonable olvido, para luego acotar:

        __”¡Ahora sí…, a usted lo conozco del cementerio; es el que le lleva las rosas a Adriana…! ¡Mucho gusto! Yo soy Aniceto, su vecino de tumba; lo que pasa es que cada tanto me doy una vueltita por aquí porque extraño tanto el barrio…” –Confió el anciano suspirando con nostalgia.

        A  Enrique se le erizó la piel; con dificultad pudo salir del  hipnótico trance y mentalmente logró hacer algunos cálculos:

        __ “¡Dios mío, cuando se despidió en el bar, ella debió tener mucho más de cien años!” -Y como un ramalazo lo asaltaron aquellas, sus palabras de advertencia:

        __“Averiguar sobre mí puede devenir en algo trágico, algo que está más allá de lo terreno”.  

         Se maldijo por romper su juramento. El vaticinio se estaba cumpliendo al pie de la letra; como  lo anunció ella antes de partir.

         El duendecito ojudo que lo miraba como un basilisco se santiguó nuevamente y se esfumó entre las sombras, dejándolo más aterrado y más solo que antes.

         Mas solo que antes de conocer a esa hermosa mujer sin tiempo; la que posa junto a sus padres en el retrato oval. El que está en el dormitorio de la casona abandonada.

 

                                                                     MARCOS RUIVAL

 

 


Calificación:  Votar Aún no han votado este texto  - Ingresá tu voto

Comentarios de nuestros lectores - Escribí tu comentario
24/11/09 | 02:34: stella Maris (detrasdelespejo) dice:
Hola Marcos, sabes que me hizo recordar a un relato de mi abuela, algo parecido donde tambien habia una mujer en un retrato oval que por las noches paseaba por el jardin( en ese tiempo cuarenta años atras y en el campo, era comun que los niños asistieran a los cuentos macabros ; sera por eso que no tengo miedo?) muy bien logrado el relato mantiene el interes hasta el final, Y a seguir escribiendo que ya termina noviembre te mando un beso
rojas.stellamaris@yahoo.com.ar
 
18/11/09 | 13:51: rolando martiñá dice:
Bravo, Marcos! Muy buen relato \"La mujer del retrato oval\". Seguimos en contacto. Te invito a conocer \"lapacienteimpaciente\" y a enviarme tus comentarios. Saludos.R.M
rmartina@fibertel.com.ar
 
Últimas entradas del mes
16/10 | 02:39 LA MUJER DEL RETRATO OVAL
15/10 | 02:18 UN MATRIMONIO PERFECTO
06/10 | 00:10 VERSITOS QUE YA NO SE ESCUCHAN
04/10 | 22:55 LA INFILTRADA
03/10 | 11:07 UNA CUESTIÓN DE SIGNOS
02/10 | 20:20 POR CULPA DE UNA TRISTEZA


Radio La Quebrada Radio de Tango Indexarte Escribirte OccidentesEscuchanos
Noticias | Efemérides | Novedades | Biografias | Textos | Audio | Recomendados | Entrevistas | Informes | Agenda | Concursos | Editoriales | Lugares | Actividades | Blogs | Letras de Tango I | Letras de Tango II | Contacto | Boletín
© 2006-2020- www.escribirte.com | Todos los derechos reservados   | Diseño Web | Canales RSSRSS